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Henri Michaux: Casas musicales

  • Writer: iván garcía lópez
    iván garcía lópez
  • 19 hours ago
  • 1 min read

En Arridema, ventaja sin igual, existe el confort de las casas sobrias, pero extraordinarias, pero musicales.


Cada casa está dispuesta en un agujero de roca profundo y estrecho, especie de estuche. Concluida la jornada, dejan caer por el centro del cielorraso, abierto a ese efecto, en un lugar calculado, una gota, luego otra gota, gotas indefinidas en una pequeña habitación aislada y cerrada herméticamente, salvo en el lugar correspondiente al agujero del cielorraso.


Cayendo así las gotas producen, por la compresión del aire, o por otra causa cualquiera, un ruido celeste, cristalino.


Esta flauta mágica, quiero decir esta pieza cerrada, quiero decir también la habitación vecina, quiero también decir toda la casa invadida por la vibración milagrosa y contenida, hace estremecer al ocupante, que deambula, perdido, en una ebriedad sonora.


Ese ruido continuo, aunque no sin agudos y graves, va (por la intensidad) desde el murmullo lastimero del viento entre los juncos hasta el ronquido formidable de las olas en golpe de ariete, que entran de repente en una gruta semisubmarina y se chocan desordenadamente, masa sonora, ínfima o enorme, pero siempre celeste y cristalina, y con ese ruido radioso y único, donde se creería escuchar miles de ruidos, la casa se adormila.


Lo que esta música significa para los arridemenses es indecible. Se drogan con ella. Es su padre y su madre, y también su cuna.


Versión de Lysandro Z.D. Galtier


En Poesía y música. Selección y prólogo de Moisés Ladrón de Guevara. México: UAM, 1988. p. 143. Col. Malabar, IV. Este poema en prosa pertenece a la sección "Ici, Poddema" del libro Ailleurs (1948), de Michaux.

 
 
 

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© 2018 by Iván García

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